CPAC- Recorridos y acciones
Programa 2009, Mexico DF
ANTIMUSEO: Centro Portátil de Arte Contemporáneo
Tomás Ruiz-Rivas
Este proyecto se condensa en el comentario de un joven artista, cuando supo que organizábamos nuestras actividades en la periferia de la Ciudad de México: habíamos olvidado la difusión, nadie se estaba enterando, nadie lo estaba viendo. De eso es precisamente de lo que trata: de los que son alguien y los que son nadie. De qué es lo que hace que seamos alguien o seamos nadie.
El Centro Portátil de Arte Contemporáneo es el punto de encuentro de dos líneas de trabajo que hemos desarrollado en el Antimuseo durante varios años: en primer lugar la que podríamos identificar con el NGPA de Suzanne Lacy , una expresión con la que esta autora ha intentado englobar una amplia tipología de prácticas artísticas que desbordan la concepción del espacio público como un lugar geográfico de propiedad o uso comunal, para incluir en él la estructura de vínculos sociales y prácticas instituyentes que determinan “lo público”. De otro lado, el ensayo de subversión de la institución museal a través de infraestructuras portátiles o efímeras para la exhibición de arte, que en su momento denominamos con el nombre de Micromuseos .
Durante el periodo 2003-2007, cuando la sede del Ojo Atómico, luego Antimuseo, estaba en la calle Mantuano de Madrid, hubo dos experiencias importantes para la construcción de este discurso: la exposición ¿Cómo imaginas tu plaza? en 2005, y el proyecto Museo de la Defensa de Madrid, en 2007/08. En la primera tomamos parte activa en un conflicto vecinal por el futuro de la plaza de Prosperidad, que a instancias de la asociación de comerciantes y empresarios de López de Hoyos iba a ser remodelada, de tal manera que desaparecerían zonas verdes, área de juegos infantiles y casi todo el mobiliario urbano. Al hilo de las movilizaciones emprendidas por varias organizaciones del barrio, preparamos una exposición con este título, en la que a través de conferencias, una encuesta gráfica, una revista gratuita, trabajos de artistas y una acción en la plaza, contribuimos a las mismas. Pero sobre todo conseguimos por primera vez romper la barrera que nos separaba de nuestros vecinos y tenerlos como público del Ojo Atómico. El nombre de Antimuseo surgió a raíz de esta experiencia, con la idea de comunicar de una forma más directa e impactante la naturaleza de nuestro trabajo, a ese público desconocedor de los grandes debates del arte actual .
El Museo de la Defensa de Madrid pretendía recuperar la memoria de este hecho histórico por medio de una institución ficcional, que se materializaba en un carrito que yo mismo empujaba por la calle. Al margen de las consideraciones políticas, el artefacto funcionaba efectivamente como un museo, y su naturaleza de objeto artístico no se imponía, era una escultura que se activaba por medio de un performance, al menos para el público casual de la calle .
A partir de estas experiencias decidimos desarrollar un prototipo arquitectónico que nos permitiese desarrollar actividades en vías públicas, es decir, una nueva sede del Antimuseo, más coherente con nuestro ideario, y al mismo tiempo desarrollar una metodología que nos sirviese para articular una relación con grupos sociales que no son público de arte contemporáneo, ni les interesa. La propuesta se presentó a distintas ayudas, una para hacerla en Madrid, y otra, la que finalmente prosperó, para la ciudad de México. Esta capital nos ha proporcionado un campo de pruebas excepcional, tanto por la dimensión y complejidad de sus problemas, que de alguna manera auguran lo que será el hábitat de la mitad de la población mundial a finales de este siglo, como por ofrecer un panorama cultural estructurado y muy desarrollado. El Distrito Federal cuenta con un excelente tejido institucional, dentro del cual hay al menos quince museos y centros de arte contemporáneo dignos de mención, además de programas en la vía pública e iniciativas privadas. Sin embargo, y según una encuesta publicada por el INBA, los seis museos de arte más visitados de este organismo en el Distrito Federal sólo alcanzaron 250.000 visitantes sobre los más de 20.000.000 de habitantes de la llamada Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) . Poco más del 1%. La relación entre ser público cultural y el grado de ciudadanía es aquí visible, y por ende las formas de exclusión que se elaboran desde las instituciones culturales. Y decimos visible porque no es peor que la que se da en los países desarrollados respecto a su tejido productivo, que está deslocalizado en territorios remotos desde los 80, como sabemos, y ni siquiera tiene la posibilidad física de acceder a las instituciones culturales que su trabajo financia.
En la primera fase entramos en contacto con centros culturales o de formación vinculados a territorios con graves carencias de todo tipo: seguridad, higiene, educación, empleo, y también simbólicas. Instituciones como los FAROS y centros culturales de universidades, como el Museo Universitario del Chopo o Casa Talavera, nos facilitaron el acceso a colectivos artísticos y/o políticos, que cumplían con el perfil que estábamos buscando. Este perfil era muy amplio: colectivos de jóvenes que operasen en este tipo de territorios, con proyectos en los que lo cultural, en sentido también amplio, estuviese proyectado hacia la construcción de identidad y superación de la marginación, la solución o denuncia de situaciones concretas.
Paralelamente invitamos a varios artistas a tomar parte en el desarrollo del proyecto, pero no mediante la exhibición de su obra, sino participando en debates con los colectivos, para contribuir al desarrollo de sus propuestas. La segunda fase consistió en la organización de dichos encuentros, donde discutimos los términos de nuestra propuesta, para llegar a un punto en el que por un lado se respetasen los intereses y lenguajes de los colectivos, y por otro no se desvirtuase la orientación que queríamos dar al proyecto en general, más orientado a la creación de espacio público que a la exhibición de objetos artísticos. La tercera y última fase consistió en la ejecución de las propuestas de cada colectivo.
En la selección de los colectivos se dio, de manera fortuita, una lógica territorial que nos llevaba del sureste de la ciudad, Tláhuac, por el oriente, Iztapalapa y Pantitlán, hacia el centro, Merced, Centro Histórico y Chopo, hasta el norte, Tlalnepantla. Se trata de un trayecto de unos cincuenta kilómetros a través de un denso tejido urbano, por zonas deprimidas, donde alternan la auto-construcción y las grandes Unidades Habitacionales, con índices de pobreza superiores al 75%, altas tasas de ocupación en la economía informal, que en la ZMVM supone más del 50% de los puestos de trabajo, e índices muy elevados de violencia.
En total se ha trabajado en seis territorios: Tláhuac, Iztapalapa, Pantitlán – aeropuerto, La Merced, Centro Histórico – Chopo y Tlalnepantla. En cada caso el modelo de participación ha sido distinto, tanto en lo que se refiere a los agentes como a la naturaleza y estructura formal de las correspondientes propuestas. En ellas han aflorado problemas concretos de la ciudad, desde la violencia machista a conflictos culturales con las etnias indígenas, o de la urbanización salvaje a la privatización de espacios públicos.
La mecánica del trabajo ha sido idéntica con todos: tras definir los lineamientos en los encuentros, les hemos hecho entrega del CPAC, y hemos procurado no intervenir en el desarrollo de las acciones, limitándonos a filmarlas.
Para no extenderme más allá de las limitaciones propias de una publicación como ésta, resumiré esquemáticamente las acciones, y dirijo al lector a la página WEB del Antimuseo en el caso de que quiera obtener información más detallada:
Tláhuac: delegación situada al sureste de la ciudad, 85 km2 y 344.000 habitantes (INEGI 2005). Es una zona aún rica en recursos naturales. Hay siete pueblos originarios, de fundación prehispana, que deben su crecimiento a la afluencia de inmigrantes, además de población proveniente del centro de la ciudad y reubicada tras el temblor de 1985. El conflicto más visible es la urbanización acelerada, con la construcción de una línea de metro, la desecación de humedales y la tala de bosques.
Los proyectos fueron generados por los mismos maestros del FARO, y dirigidos sobre todo a construir vínculos con la comunidad. Por ejemplo Verónica Córdova organizó un intercambio simbólico de pensamientos en los hogares de la calle Fausto, cerca del Faro de Tláhuac. El CPAC portó 30 macetas con flores conocidas como “Pensamientos“, se tocó cada puerta de cada casa ubicada en la calle Fausto con el propósito de invitar a los habitantes a participar. Una vez accedieron a ello se les regaló una maceta y se les entregó una cámara de fotos desechable para que retraten su casa y su modo de vivir. Las cámaras se recogerán el posteriormente para preparar una exhibición.
Iztapalapa: delegación en el oriente de la ciudad, 105 km2 y 1.820.000 habitantes (INEGI 2005), fundamentalmente inmigrantes, ya en 2ª o 3ª generación. Zona densamente construida, índice de pobreza cercano al 75%, grandes áreas con carencia de espacios públicos y problemas de abastecimiento de agua. El colectivo Laguna Mental, formado por alumnos del taller de arte contemporáneo del FARO, propuso una acción de protesta política para el día de las elecciones legislativas y locales, 5 de julio: una marcha desde el FARO hasta el Zócalo de la ciudad, en la que arrancarían la más que abundante propaganda electoral, cargándola en el CPAC, para finalmente purificarla según un ritual prehispano. La tensión política y el despliegue del ejército en la delegación impidieron hacer el trayecto Iztapalapa-centro, de manera que optaron por iniciar la marcha en el mercado de Sonora, donde hay una sección de brujería, adquirir allí los productos necesarios para las limpias espirituales, y efectuarlas sobre los árboles, postes y muros que soportaban propaganda. En el Zócalo se encontraron con otro colectivo, Mexicanos al Grito de Guerra, que organizaba un acto a favor del voto nulo, una forma de denunciar la corrupción política, y que habían llevado hasta allí una gran cantidad de carteles electorales que estaban repintando. Decidieron unirse, cargar todos los carteles en el CPAC y marchar hasta el Angel, donde otro grupo hacía un acto similar.
Pantitlán: hemos agrupado bajo este nombre al grupo de colonias que se encuentran entre la estación de Pantitlán y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Se encuentran en la delegación Venustiano Carranza, de 33,42 km2 y unos 450.000 habitantes. El paradero de metro y autobuses de Pantitlán es utilizado por casi 1.000.000 personas al día, conecta las zonas más deprimidas del Estado de México con el centro de la ciudad y se considera uno de los más peligrosos de la ciudad. En esta zona colaboramos con el colectivo Arte Nativo, que trabaja en la regeneración de sus espacios públicos, y que también están comprometidos con el conflicto de Atenco . Su acción trascurrió en el tianguis que rodea la estación, y se centró en la denuncia de las condenas que sufren los ejidatarios. Luego se atravesaron varias colonias con el CPAC abierto, con la propaganda expuesta en él. Otro día incluyeron el CPAC en sus actividades de recuperación de espacio público, con un concierto y un taller de serigrafía en el parque del Icaro.
Centro: La Delegación Cuauhtémoc abarca el centro de la ciudad, y es un territorio complejo, donde se encuentran las zonas más turísticas, con 1.500 edificios patrimonio nacional y dos zonas arqueológicas, sedes de multinacionales y de organismos públicos, junto a colonias azotadas por la pobreza y la delincuencia, así como los espacios simbólicos del la ciudad, en especial el Zócalo. Tiene una superficie de 32,4 km2, más de 500.000 habitantes, y una población flotante de 5.000.000 de personas . Trabajamos con dos instituciones universitarias, el Museo Universitario del Chopo (UNAM) y Casa Talavera (UACM). Ambas están en colonias muy conflictivas, la primera en Santa María de la Ribera, y la segunda en La Merced. En el Chopo el proyecto fue asumido por el taller de arte objeto, cuyos participantes, casi todas mujeres, habían formado un colectivo con el nombre de Barbie Alterada, en respuesta a la exposición 50 años de Barbie, que se había celebrado en el cercano museo Franz Mayer. No trabajaron sobre el territorio y sus conflictos, sino sobre el modelo de belleza impulsado por esta muñeca. Se presentó una colección de Barbies modificadas en dos puntos muy simbólicos del centro: el tianguis cultural del Chopo, un mercadillo semanal dedicado a las subculturas urbanas y su música, y la Alameda Central, un parque frecuentado los domingos por familias de extracción popular e indígena. Este parque tiene además un intenso comercio ambulante. El primer día se realizaron entrevistas al público, y el segundo un taller de alteración de Barbies para niños. En ambos casos se contó con el apoyo del área de Cultura Comunitaria de la Delegación.
La Merced es el barrio más antiguo de la ciudad, de carácter muy popular y estigmatizado por la prostitución. Casa Talavera impulsó varias actividades vinculadas a sus talleres: una muestra del taller de multimedia, un set ambulante de fotografía para retratar a los vecinos y dos emisiones de Radio Aguilita, en la plaza del mismo nombre. La segunda emisión trató sobre los derechos de la mujer, y se realizó en una calle donde se ejerce la prostitución. Tras la charla se usó el CPAC para repartir folletos sobre higiene sexual y condones a las prostitutas.
Tlalnepantla: Municipio del Estado de México, y parte del área metropolitana de la ciudad. Tiene 83,42 km2 y casi 700.000 habitantes, mayoritariamente inmigrantes. Es la única acción que ha partido de la propuesta de un artista, Eder Castillo. El trabajo se dividió en tres partes: el primer día trasladó manualmente el CPAC desde el Zócalo del DF hasta Tlalnepantla, unos 20 km. El artista invirtió el camino que hacía en su adolescencia, cuando caminaba a diario hasta el centro para acceder a una formación artística que no podía obtener en su ciudad. Ahora fue la institución cultural la que se trasladó a la periferia, pero con el mismo esfuerzo inhumano. El segundo se instaló en la zona del mercado, donde entre 2002 y 2005 había realizado un programa artístico en un puesto el tianguis, hoy eliminado por las autoridades. El tercer día ocupó el centro del Zócalo de Tlalnepantla, un espacio que ha sido recientemente remodelado, eliminándose las zonas ajardinadas. Además se ha quitado un parque colindante para construir un centro comercial, y se ha diseñado un espacio dirigido a actividades promocionales, una plancha de piedra sin sombras ni mobiliario. El artista promovió una discusión sobre el espacio público.
Por último, hemos colaborado con un documentalista, Mario Acha, que ha filmado todo el trabajo, desde los encuentros. La película documental resultante es un objeto cultural autónomo, que nos ofrece un doble acercamiento a la ciudad y al arte actual. Al elegir este formato para el archivo y documentación del proyecto, hemos tenido una voluntad expresa de desbordar los espacios de circulación del arte contemporáneo, como parte de nuestra estrategia de crítica.
Quizás lo más sorprendente de esta experiencia es que el CPAC ha sido aceptado con facilidad por los tiangueros (vendedores ambulantes) y por los vecinos de las zonas donde hemos operado. Se integra sin más en el paisaje de la informalidad, característico de todas las grandes ciudades de los países llamados “en vías de desarrollo”. ¿Es posible un museo informal, cuando su función es formalizar, institucionalizar prácticas culturales? Esta paradoja ha dado sentido a nuestro proyecto, que por una parte movilizaba un gran aparato institucional (AECID, Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, dos universidades…), y por otra se insertaba en espacios urbanos problemáticos, desde la misma a-legalidad que las personas que viven en ellos, y son víctimas y parte activa de los conflictos. En la mayoría de los casos no se tramitaron permisos, si bien dejamos esta decisión a los colectivos.
Otro aspecto importante es que a diferencia de los proyectos de artistas, que se proyectan desde los espacios de conflicto hacia los espacios regulados del museo y la galería, el CPAC es una institución que no se proyecta más allá de sí misma. No sé da por tanto el proceso de reificación de sujetos, tan común en muchas prácticas artísticas presuntamente políticas.
Nuestros objetivos básicos, por tanto, se han cumplido: hemos construido un dispositivo capaz de producir espacio público, y paralelamente hemos desarrollado una metodología para desencadenar dinámicas sociales desde una institución cultural. El proyecto ha tenido carácter de ensayo, sólo seis territorios y un promedio de tres días en cada uno, pero pese a las limitaciones obvias el modelo ha funcionado con éxito y abre un gran campo de investigación. Sería necesario un trabajo a medio plazo, donde el CPAC tuviese un papel equiparable al de cualquier otro centro de arte, pero con la capacidad de contribuir al desarrollo de los lenguajes y fundamentos de los colectivos de base, para profundizar en esas dinámicas sociales y desarrollar completamente el tipo de institución contra-hegemónica, o simplemente conflictiva, que pretendemos.
Hoy por hoy parece difícil que se puedan movilizar recursos económicos para un centro de arte de estas características, sin edificio de prestigio y costes ínfimos, pero el CPAC proseguirá sus actividades, a solicitud de los colectivos que han participado en el ensayo y bajo la dirección de Eder Castillo.
mas informacion:
www.ojoatomico.com
ANTIMUSEO: Centro Portátil de Arte Contemporáneo
Tomás Ruiz-Rivas
Este proyecto se condensa en el comentario de un joven artista, cuando supo que organizábamos nuestras actividades en la periferia de la Ciudad de México: habíamos olvidado la difusión, nadie se estaba enterando, nadie lo estaba viendo. De eso es precisamente de lo que trata: de los que son alguien y los que son nadie. De qué es lo que hace que seamos alguien o seamos nadie.
El Centro Portátil de Arte Contemporáneo es el punto de encuentro de dos líneas de trabajo que hemos desarrollado en el Antimuseo durante varios años: en primer lugar la que podríamos identificar con el NGPA de Suzanne Lacy , una expresión con la que esta autora ha intentado englobar una amplia tipología de prácticas artísticas que desbordan la concepción del espacio público como un lugar geográfico de propiedad o uso comunal, para incluir en él la estructura de vínculos sociales y prácticas instituyentes que determinan “lo público”. De otro lado, el ensayo de subversión de la institución museal a través de infraestructuras portátiles o efímeras para la exhibición de arte, que en su momento denominamos con el nombre de Micromuseos .
Durante el periodo 2003-2007, cuando la sede del Ojo Atómico, luego Antimuseo, estaba en la calle Mantuano de Madrid, hubo dos experiencias importantes para la construcción de este discurso: la exposición ¿Cómo imaginas tu plaza? en 2005, y el proyecto Museo de la Defensa de Madrid, en 2007/08. En la primera tomamos parte activa en un conflicto vecinal por el futuro de la plaza de Prosperidad, que a instancias de la asociación de comerciantes y empresarios de López de Hoyos iba a ser remodelada, de tal manera que desaparecerían zonas verdes, área de juegos infantiles y casi todo el mobiliario urbano. Al hilo de las movilizaciones emprendidas por varias organizaciones del barrio, preparamos una exposición con este título, en la que a través de conferencias, una encuesta gráfica, una revista gratuita, trabajos de artistas y una acción en la plaza, contribuimos a las mismas. Pero sobre todo conseguimos por primera vez romper la barrera que nos separaba de nuestros vecinos y tenerlos como público del Ojo Atómico. El nombre de Antimuseo surgió a raíz de esta experiencia, con la idea de comunicar de una forma más directa e impactante la naturaleza de nuestro trabajo, a ese público desconocedor de los grandes debates del arte actual .
El Museo de la Defensa de Madrid pretendía recuperar la memoria de este hecho histórico por medio de una institución ficcional, que se materializaba en un carrito que yo mismo empujaba por la calle. Al margen de las consideraciones políticas, el artefacto funcionaba efectivamente como un museo, y su naturaleza de objeto artístico no se imponía, era una escultura que se activaba por medio de un performance, al menos para el público casual de la calle .
A partir de estas experiencias decidimos desarrollar un prototipo arquitectónico que nos permitiese desarrollar actividades en vías públicas, es decir, una nueva sede del Antimuseo, más coherente con nuestro ideario, y al mismo tiempo desarrollar una metodología que nos sirviese para articular una relación con grupos sociales que no son público de arte contemporáneo, ni les interesa. La propuesta se presentó a distintas ayudas, una para hacerla en Madrid, y otra, la que finalmente prosperó, para la ciudad de México. Esta capital nos ha proporcionado un campo de pruebas excepcional, tanto por la dimensión y complejidad de sus problemas, que de alguna manera auguran lo que será el hábitat de la mitad de la población mundial a finales de este siglo, como por ofrecer un panorama cultural estructurado y muy desarrollado. El Distrito Federal cuenta con un excelente tejido institucional, dentro del cual hay al menos quince museos y centros de arte contemporáneo dignos de mención, además de programas en la vía pública e iniciativas privadas. Sin embargo, y según una encuesta publicada por el INBA, los seis museos de arte más visitados de este organismo en el Distrito Federal sólo alcanzaron 250.000 visitantes sobre los más de 20.000.000 de habitantes de la llamada Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) . Poco más del 1%. La relación entre ser público cultural y el grado de ciudadanía es aquí visible, y por ende las formas de exclusión que se elaboran desde las instituciones culturales. Y decimos visible porque no es peor que la que se da en los países desarrollados respecto a su tejido productivo, que está deslocalizado en territorios remotos desde los 80, como sabemos, y ni siquiera tiene la posibilidad física de acceder a las instituciones culturales que su trabajo financia.
En la primera fase entramos en contacto con centros culturales o de formación vinculados a territorios con graves carencias de todo tipo: seguridad, higiene, educación, empleo, y también simbólicas. Instituciones como los FAROS y centros culturales de universidades, como el Museo Universitario del Chopo o Casa Talavera, nos facilitaron el acceso a colectivos artísticos y/o políticos, que cumplían con el perfil que estábamos buscando. Este perfil era muy amplio: colectivos de jóvenes que operasen en este tipo de territorios, con proyectos en los que lo cultural, en sentido también amplio, estuviese proyectado hacia la construcción de identidad y superación de la marginación, la solución o denuncia de situaciones concretas.
Paralelamente invitamos a varios artistas a tomar parte en el desarrollo del proyecto, pero no mediante la exhibición de su obra, sino participando en debates con los colectivos, para contribuir al desarrollo de sus propuestas. La segunda fase consistió en la organización de dichos encuentros, donde discutimos los términos de nuestra propuesta, para llegar a un punto en el que por un lado se respetasen los intereses y lenguajes de los colectivos, y por otro no se desvirtuase la orientación que queríamos dar al proyecto en general, más orientado a la creación de espacio público que a la exhibición de objetos artísticos. La tercera y última fase consistió en la ejecución de las propuestas de cada colectivo.
En la selección de los colectivos se dio, de manera fortuita, una lógica territorial que nos llevaba del sureste de la ciudad, Tláhuac, por el oriente, Iztapalapa y Pantitlán, hacia el centro, Merced, Centro Histórico y Chopo, hasta el norte, Tlalnepantla. Se trata de un trayecto de unos cincuenta kilómetros a través de un denso tejido urbano, por zonas deprimidas, donde alternan la auto-construcción y las grandes Unidades Habitacionales, con índices de pobreza superiores al 75%, altas tasas de ocupación en la economía informal, que en la ZMVM supone más del 50% de los puestos de trabajo, e índices muy elevados de violencia.
En total se ha trabajado en seis territorios: Tláhuac, Iztapalapa, Pantitlán – aeropuerto, La Merced, Centro Histórico – Chopo y Tlalnepantla. En cada caso el modelo de participación ha sido distinto, tanto en lo que se refiere a los agentes como a la naturaleza y estructura formal de las correspondientes propuestas. En ellas han aflorado problemas concretos de la ciudad, desde la violencia machista a conflictos culturales con las etnias indígenas, o de la urbanización salvaje a la privatización de espacios públicos.
La mecánica del trabajo ha sido idéntica con todos: tras definir los lineamientos en los encuentros, les hemos hecho entrega del CPAC, y hemos procurado no intervenir en el desarrollo de las acciones, limitándonos a filmarlas.
Para no extenderme más allá de las limitaciones propias de una publicación como ésta, resumiré esquemáticamente las acciones, y dirijo al lector a la página WEB del Antimuseo en el caso de que quiera obtener información más detallada:
Tláhuac: delegación situada al sureste de la ciudad, 85 km2 y 344.000 habitantes (INEGI 2005). Es una zona aún rica en recursos naturales. Hay siete pueblos originarios, de fundación prehispana, que deben su crecimiento a la afluencia de inmigrantes, además de población proveniente del centro de la ciudad y reubicada tras el temblor de 1985. El conflicto más visible es la urbanización acelerada, con la construcción de una línea de metro, la desecación de humedales y la tala de bosques.
Los proyectos fueron generados por los mismos maestros del FARO, y dirigidos sobre todo a construir vínculos con la comunidad. Por ejemplo Verónica Córdova organizó un intercambio simbólico de pensamientos en los hogares de la calle Fausto, cerca del Faro de Tláhuac. El CPAC portó 30 macetas con flores conocidas como “Pensamientos“, se tocó cada puerta de cada casa ubicada en la calle Fausto con el propósito de invitar a los habitantes a participar. Una vez accedieron a ello se les regaló una maceta y se les entregó una cámara de fotos desechable para que retraten su casa y su modo de vivir. Las cámaras se recogerán el posteriormente para preparar una exhibición.
Iztapalapa: delegación en el oriente de la ciudad, 105 km2 y 1.820.000 habitantes (INEGI 2005), fundamentalmente inmigrantes, ya en 2ª o 3ª generación. Zona densamente construida, índice de pobreza cercano al 75%, grandes áreas con carencia de espacios públicos y problemas de abastecimiento de agua. El colectivo Laguna Mental, formado por alumnos del taller de arte contemporáneo del FARO, propuso una acción de protesta política para el día de las elecciones legislativas y locales, 5 de julio: una marcha desde el FARO hasta el Zócalo de la ciudad, en la que arrancarían la más que abundante propaganda electoral, cargándola en el CPAC, para finalmente purificarla según un ritual prehispano. La tensión política y el despliegue del ejército en la delegación impidieron hacer el trayecto Iztapalapa-centro, de manera que optaron por iniciar la marcha en el mercado de Sonora, donde hay una sección de brujería, adquirir allí los productos necesarios para las limpias espirituales, y efectuarlas sobre los árboles, postes y muros que soportaban propaganda. En el Zócalo se encontraron con otro colectivo, Mexicanos al Grito de Guerra, que organizaba un acto a favor del voto nulo, una forma de denunciar la corrupción política, y que habían llevado hasta allí una gran cantidad de carteles electorales que estaban repintando. Decidieron unirse, cargar todos los carteles en el CPAC y marchar hasta el Angel, donde otro grupo hacía un acto similar.
Pantitlán: hemos agrupado bajo este nombre al grupo de colonias que se encuentran entre la estación de Pantitlán y el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Se encuentran en la delegación Venustiano Carranza, de 33,42 km2 y unos 450.000 habitantes. El paradero de metro y autobuses de Pantitlán es utilizado por casi 1.000.000 personas al día, conecta las zonas más deprimidas del Estado de México con el centro de la ciudad y se considera uno de los más peligrosos de la ciudad. En esta zona colaboramos con el colectivo Arte Nativo, que trabaja en la regeneración de sus espacios públicos, y que también están comprometidos con el conflicto de Atenco . Su acción trascurrió en el tianguis que rodea la estación, y se centró en la denuncia de las condenas que sufren los ejidatarios. Luego se atravesaron varias colonias con el CPAC abierto, con la propaganda expuesta en él. Otro día incluyeron el CPAC en sus actividades de recuperación de espacio público, con un concierto y un taller de serigrafía en el parque del Icaro.
Centro: La Delegación Cuauhtémoc abarca el centro de la ciudad, y es un territorio complejo, donde se encuentran las zonas más turísticas, con 1.500 edificios patrimonio nacional y dos zonas arqueológicas, sedes de multinacionales y de organismos públicos, junto a colonias azotadas por la pobreza y la delincuencia, así como los espacios simbólicos del la ciudad, en especial el Zócalo. Tiene una superficie de 32,4 km2, más de 500.000 habitantes, y una población flotante de 5.000.000 de personas . Trabajamos con dos instituciones universitarias, el Museo Universitario del Chopo (UNAM) y Casa Talavera (UACM). Ambas están en colonias muy conflictivas, la primera en Santa María de la Ribera, y la segunda en La Merced. En el Chopo el proyecto fue asumido por el taller de arte objeto, cuyos participantes, casi todas mujeres, habían formado un colectivo con el nombre de Barbie Alterada, en respuesta a la exposición 50 años de Barbie, que se había celebrado en el cercano museo Franz Mayer. No trabajaron sobre el territorio y sus conflictos, sino sobre el modelo de belleza impulsado por esta muñeca. Se presentó una colección de Barbies modificadas en dos puntos muy simbólicos del centro: el tianguis cultural del Chopo, un mercadillo semanal dedicado a las subculturas urbanas y su música, y la Alameda Central, un parque frecuentado los domingos por familias de extracción popular e indígena. Este parque tiene además un intenso comercio ambulante. El primer día se realizaron entrevistas al público, y el segundo un taller de alteración de Barbies para niños. En ambos casos se contó con el apoyo del área de Cultura Comunitaria de la Delegación.
La Merced es el barrio más antiguo de la ciudad, de carácter muy popular y estigmatizado por la prostitución. Casa Talavera impulsó varias actividades vinculadas a sus talleres: una muestra del taller de multimedia, un set ambulante de fotografía para retratar a los vecinos y dos emisiones de Radio Aguilita, en la plaza del mismo nombre. La segunda emisión trató sobre los derechos de la mujer, y se realizó en una calle donde se ejerce la prostitución. Tras la charla se usó el CPAC para repartir folletos sobre higiene sexual y condones a las prostitutas.
Tlalnepantla: Municipio del Estado de México, y parte del área metropolitana de la ciudad. Tiene 83,42 km2 y casi 700.000 habitantes, mayoritariamente inmigrantes. Es la única acción que ha partido de la propuesta de un artista, Eder Castillo. El trabajo se dividió en tres partes: el primer día trasladó manualmente el CPAC desde el Zócalo del DF hasta Tlalnepantla, unos 20 km. El artista invirtió el camino que hacía en su adolescencia, cuando caminaba a diario hasta el centro para acceder a una formación artística que no podía obtener en su ciudad. Ahora fue la institución cultural la que se trasladó a la periferia, pero con el mismo esfuerzo inhumano. El segundo se instaló en la zona del mercado, donde entre 2002 y 2005 había realizado un programa artístico en un puesto el tianguis, hoy eliminado por las autoridades. El tercer día ocupó el centro del Zócalo de Tlalnepantla, un espacio que ha sido recientemente remodelado, eliminándose las zonas ajardinadas. Además se ha quitado un parque colindante para construir un centro comercial, y se ha diseñado un espacio dirigido a actividades promocionales, una plancha de piedra sin sombras ni mobiliario. El artista promovió una discusión sobre el espacio público.
Por último, hemos colaborado con un documentalista, Mario Acha, que ha filmado todo el trabajo, desde los encuentros. La película documental resultante es un objeto cultural autónomo, que nos ofrece un doble acercamiento a la ciudad y al arte actual. Al elegir este formato para el archivo y documentación del proyecto, hemos tenido una voluntad expresa de desbordar los espacios de circulación del arte contemporáneo, como parte de nuestra estrategia de crítica.
Quizás lo más sorprendente de esta experiencia es que el CPAC ha sido aceptado con facilidad por los tiangueros (vendedores ambulantes) y por los vecinos de las zonas donde hemos operado. Se integra sin más en el paisaje de la informalidad, característico de todas las grandes ciudades de los países llamados “en vías de desarrollo”. ¿Es posible un museo informal, cuando su función es formalizar, institucionalizar prácticas culturales? Esta paradoja ha dado sentido a nuestro proyecto, que por una parte movilizaba un gran aparato institucional (AECID, Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, dos universidades…), y por otra se insertaba en espacios urbanos problemáticos, desde la misma a-legalidad que las personas que viven en ellos, y son víctimas y parte activa de los conflictos. En la mayoría de los casos no se tramitaron permisos, si bien dejamos esta decisión a los colectivos.
Otro aspecto importante es que a diferencia de los proyectos de artistas, que se proyectan desde los espacios de conflicto hacia los espacios regulados del museo y la galería, el CPAC es una institución que no se proyecta más allá de sí misma. No sé da por tanto el proceso de reificación de sujetos, tan común en muchas prácticas artísticas presuntamente políticas.
Nuestros objetivos básicos, por tanto, se han cumplido: hemos construido un dispositivo capaz de producir espacio público, y paralelamente hemos desarrollado una metodología para desencadenar dinámicas sociales desde una institución cultural. El proyecto ha tenido carácter de ensayo, sólo seis territorios y un promedio de tres días en cada uno, pero pese a las limitaciones obvias el modelo ha funcionado con éxito y abre un gran campo de investigación. Sería necesario un trabajo a medio plazo, donde el CPAC tuviese un papel equiparable al de cualquier otro centro de arte, pero con la capacidad de contribuir al desarrollo de los lenguajes y fundamentos de los colectivos de base, para profundizar en esas dinámicas sociales y desarrollar completamente el tipo de institución contra-hegemónica, o simplemente conflictiva, que pretendemos.
Hoy por hoy parece difícil que se puedan movilizar recursos económicos para un centro de arte de estas características, sin edificio de prestigio y costes ínfimos, pero el CPAC proseguirá sus actividades, a solicitud de los colectivos que han participado en el ensayo y bajo la dirección de Eder Castillo.
mas informacion:
www.ojoatomico.com








